El Reflejo

El Reflejo

Pintura de la casa 16º edición (“La Casa del Gato Negro)

Vagando por una tarde rojiza, me encontré caminando en un paraje bicolor. El ecosistema oscuro se mezclaba y era rodeado por un cálido sol. Llegue a un lago, que jugaba de espejo reflejando la realidad, y sintiendo un poco de curiosidad e intriga, me asome a verlo. Como era de esperarse, me vi a mi misma reflejada en él. Pero algo en mí, me decía que no lo era. Me quede quieta como esperando, teniendo una extraña y perturbadora sensación de que mi reflejo no era mío, o por lo menos no del todo.

Luego de unos segundos, desistí de esa idea, y me golpee la frente con la mano, mientras me decía “tonta” por semejante idea. Cuando me estaba por levantar, vi que mi reflejo se había quedado quieto en la misma posición de antes, siendo que yo me encontraba parada. Miré con más detenimiento aquel reflejo con vida propia, y este ladeo la cabeza como con interés y cierta curiosidad.

Me aleje del lago, pero vi que no era algo que saliera de allí. Esa sola idea logro que me tranquilizara un poco, mientras permaneciera en ese lugar no me haría daño.

Volví a acercarme, lentamente, estaba a la defensiva y preparada para cualquier ataque. Pero nada de eso sucedió, solo se quedaba mirándome. Sus ojos, al principio que se mostraban serenos ahora eran bravos y amenazadores, su boca comenzó a retorcerse en una mueca delirante y carente de total cordura. Fui asustándome cada vez más al ver semejante reflejo de mi persona. El agua comenzó a teñirse de rojo, mientras el reflejo se disolvía en ella hasta que no logre distinguirlo más. Se fue.

Seguí un momento, que me pareció una eternidad, plantada en ese mismo lugar, con la respiración agitada y el corazón a mil por hora. Veía hacia el agua, fijamente, y no había nada, ni siquiera mi reflejo.

Ya volviendo a caminar por el medio del bosque, el sol comenzaba a ocultarse más. Y por alguna extraña razón mi cuerpo se tornaba cada vez más oscuro, quedando acorde con el ecosistema que me rodeaba. En mis manos, ese color rojizo del sol se vislumbró en ellas. Era rojo intenso, cálido, pero a la vez perturbador. Vi en ellas algo que no quería ver. Y recordé lo que en su momento había olvidado. Pero que el rojo del cielo, y el reflejo del lago, aquel demonio interno que siempre me acompaña, nunca me harían olvidar.

Junio 2015 | CandeS

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Publicado el 24 enero, 2016 en Microrrelatos, Mis Escritos. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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