Espinas de Rosas

Sus manos acariciaban mi pecho, mientras arañaba mi piel con sus uñas, desgarrando parte de ella. Como una rosa. Hermosa y fina, elegante y delicada, sensual y lujuriosa, inocente y genuina. Increíble que pudiera reunir todas estas características en un solo ser, pero así lo era.

Me encontraba a su lado, tumbado boca arriba desnudo de la cintura para arriba. Ella estaba completamente desnuda sobre mi cuerpo, jugando con sus manos en mi pecho. En un juego lento, placentero y a la vez doloroso. Acostumbrado a su manera, deseando su cuerpo, me encontré dispuesto a todo por conseguirlo.

Me incorpore como pude, tome su cabello, lo estruje y se lo tire, mientras la acercaba más a mí. Deseaba su boca, sus labios rojos carmesí. Ella soltó un gemido, y se dejo hacer. Generalmente, nunca era yo el que tomaba la iniciativa. A ella no le gustaba ser la sumisa. Ella siempre quería dominar. Pero esta vez, no me importo, y al parecer a ella tampoco. El aroma a las rosas, se iba incrementando en la habitación. A oscuras, apenas iluminada por el suave reflejo de la luna que se filtraba por las ventanas. Comencé a mover mis labios sobre los de ella, que esperaban abiertos mi llegada. Infiltre mi lengua en su boca, acariciando la suya.

Se levanto y se sentó a horcajadas sobre mi cuerpo, y sin poder evitarlo, solté un gruñido un tanto gutural. Sentía toda su intimidad femenina, apoyada sobre mi masculinidad. Mientras con un ritmo lento, ella comenzaba a moverse sobre mí. Las respiraciones de ambos se fueron acelerando, y mi deseo de poseerla no se quedo atrás. Baje por su cuello con mi lengua, hasta sus senos. Tome entre mi boca su pezón, a lo que ella termino gimiendo más alto, sin dejar de moverse. La tome de la cintura, y la recosté sobre la cama, quedando yo encima de su cuerpo. Volví a besarla, y a comenzar de nuevo mi recorrido. Examinando cada parte de su anatomía, sintiendo como se estremecía con cada roce, con cada caricia. Tome uno de sus pezones entre mis dedos, y se lo pellizque con saña, a lo que ella grito. Una mezcla de dolor y placer. Sus jadeos, gemidos y gritos eran música para mis oídos. Ella sabía cuanto me gustaba escucharla, por lo que no se privaba en hacerlo. Cuando llegue a su vientre, de a poco, abrió sus piernas. Me encontré con toda su feminidad ante mis ojos, aquello que tanto deseaba. La acaricie con mi mano, mientras veía como su rostro se contraía de placer, e inconscientemente levantaba levemente su cadera, dándome paso a que siguiera, y no me detuviera. El detenerme no era precisamente lo que estaba en mis planes. Así que seguí acariciándola, introduje un par de dedos en ella, mientras con mi lengua hacia círculos sobre su feminidad. Ella se retorcía de placer, a la vez que aumentaba la humedad entre sus piernas. Sin poder esperarlo más, me deshice del bóxer que cubría mi ya marcada erección, y la penetre de golpe. Ella grito, y yo gruñí. Nos quedamos un momento quietos, acostumbrándonos el uno al otro. Ella a mí, y yo a ella. Comencé a moverme. Con una mano le tenia de la cadera para que no la bajara, mientras ella enredaba sus piernas en mi cuerpo para sostenerse. Y con la otra mano, capture un seno y lo comencé a estrujar entre mis dedos. La habitación se lleno de gemidos, jadeos y el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas. Estaba por venirme, pero trate de resistir, esperando a que ella también se venga. Su orgasmo no tardo en llegar, y sintiendo como ella se contraía sobre mi masculinidad, me corrí en su interior.

Exhausto caí sobre ella. Me recostó boca arriba, y ella se recostó sobre mi pecho dibujando dolorosos caminos con sus uñas. Estaba acostumbrado a esto. Yo siempre terminaba al borde del colapso, mientras que ella estaba lista para un segundo turno. No es algo raro, ni de que extrañarse. De esta manera sobrevive. Ella no es humana.

Sus manos fueron bajando por mi cuerpo, acariciando dolorosamente mi pecho, mi vientre hasta que llegaron a mi masculinidad y lo tomo con brutalidad. Comenzó a acariciar de arriba a abajo, deteniéndose en la cima, para luego volver a bajar y subir nuevamente. Sus labios se juntaron con los míos, y en un suave susurro me dijo que me quería. Bajo hasta mi cuello, y mientras seguía acariciando a mi amigo, me hinco los dientes.

Sentí como desde la herida, brotaba mi sangre, mucha sangre. Ella la bebía, mientras seguía con su mano sobre mi miembro. Fue una experiencia de puro dolor, de aberrante dolor, pero al mismo tiempo de inmenso placer. Llegue al éxtasis en medio de la agonía, mientras ella me besaba por última vez. El aroma a rosas, se intensifico aun más. Y sentí como varios pétalos caían, sobre mi cuerpo. Yo había dejado de respirar, mi corazón no latía más. Y ella se quedo echada sobre mi cuerpo, alimentándose de mí.

Vuelvo a decir, ella no era humana. No sé lo que era. O más bien, si sé lo que era. Una rosa. Hermosa y delicada por fuera, oscura y aterradora por dentro. Pero aún así ella me quería, y yo, también siempre la quise.

*En el día de la fecha se reportó un asesinato. Un caso bastante particular. El susodicho, de sexo masculino se encontró desnudo y muerto en su cama. Estaba tendido, presentaba varios rasguños, seguramente hechos con las uñas de las manos de su atacante. Pero lo más increíble y extraño, es que en el cuello tuviera la marca de unos dientes muy profunda, y tuviera su cuerpo envuelto en una enredadera de tallos con espinas y rosas rojas. En los análisis forenses se pudo averiguar que el difunto no poseía sangre en sus venas. Alguien o algo, se la había drenado.

El caso se encuentra cerrado, por falta de pruebas y sospechosos. El susodicho, vivía solo, sus padres habían muerto y era hijo único. No había nadie con él. Aun así, seguimos recibiendo llamados de que en la casa en donde estaba se escuchan ruidos, gemidos y jadeos, y se siente un intenso olor a rosas. Cuando llegan los móviles, no encuentran nada. De todos modos, extrañamente, la casa quedo envuelta en una enredadera de espinas y rosas rojas.

Mayo 2014 | CandeS

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Publicado el 30 mayo, 2015 en +18, Mis Escritos. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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