¡Déjate Caer!

*Pum! Pum! Pum! Pum!* Logro sentir como mi corazón golpea, amenazando con salir de mi pecho *Pum! Pum! Pum!* Mis latidos son fuertes y constantes, casi marcando un ritmo feroz y atroz, prediciendo lo que este y yo hemos decidido *Pum! Pum! Pum*

Déjate caer, déjate caer

La tierra es al revés,

La sangre es amarilla, déjate caer

El viento ya no sopla,

La boca bien cerrada

Amárrate los pies,

Piensa en tu madre y déjate caer

Todo ha cambiado. Ya nada es, ni será como antes. Todo mi mundo se ve quebrantado, destruido, desolado. Tantas veces quise salir adelante, mas nunca tuve la posibilidad de hacerlo.

No siento el viento ni la brisa, acariciar mi piel. Hasta ella me ha abandonado. El sol se oculta tras una capa de nubes grises que cubren el cielo, tampoco el quiere alumbrarme… tampoco él… quiere alumbrarme por última vez. Paso una mano por mi rostro, secándome las lagrimas, y la observo, manchada de negro por el maquillaje que se corría gracias a aquellas que atrevidamente brotaban de mis ojos. Mis pies firmes en el borde del abismo, contemplando el horizonte tapado por la mano del hombre y a lo que le llama “civilización” o era moderna, con grandes edificaciones. Recuerdo a mi madre, la tierna y dulce voz de mi madre, que me cobijaba en su regazo cada vez que yo necesitase consuelo. Un abrazo, un consejo, una mirada o simplemente su presencia. Pero en este momento, ya es todo diferente y nada volverá a ser como antes.

Mira al cielo ceder

Y a la tierra después

Vuelve a creer,

La sangre es amarilla, déjate caer.

Las olas ya no mojan,

La ira de las rocas

Amárrame otra vez,

Un beso a mi madre y déjame caer

Dirijo mi atención al cielo, aquel lugar que en estos momentos se aprecia tan amenazador y para mi, distante. El cielo. Es algo con lo que no puedo soñar. Sé perfectamente que no soy bienvenida allí. Veo a la tierra, y veo muchas personas yendo y viniendo. Muchas sin rumbo fijo, corriendo en una nube de inconsciencia colectiva producto de las exigencias y responsabilidades, problemas y cuestiones que afectan a la sociedad, y al mundo del siglo XXI. Lo sé muy bien, yo pertenecí a esa nube de inconsciencia colectiva.

Fui participe activa de ese frenesí, de ese delirio en el cual no eres ya una persona sino un hacedor mas de los sueños y ambiciones de alguien superior, eres un esclavo moderno más de la cadena sin fin, en donde los únicos que ganan son tus esclavizadores a costa de tu trabajo. Convenciéndote, persuadiéndote de que esa es la única manera de llegar a ser como ellos. Ocultándote a tus ojos el gran secreto de su éxito, pisa a los demás y no veas por el otro que solo te demorara en tu camino al éxito.

Fijo mi visión al suelo, las rocas, estas me observan, sedientas de mi sangre. Si tan solo, alguien me hubiese tirado una mano cuando la necesite. Pero ya es tarde. ¡Muy tarde!

Vuelvo a pararme firme sobre el abismo, mientras me escabullo en mi mente en los recuerdos de mi madre, y la hago presente, invocando un beso suyo. El último beso suyo.

Mira al cielo ceder

Y a la tierra después

Vuelve a creer,

La sangre es amarilla, déjate caer

Consuélame otra vez

Porque no pienso volver

El suelo tiene sed,

La vida es imprecisa, déjate caer.

Las horas no demoran

A mi alma desertora

Explícalo muy bien,

Se abre la tierra el cielo está a mis pies.

Miro al cielo ceder, mientras gotas de lluvia caen sobre mí. Las siento, el cielo me acompaña en mi sufrimiento. Miro a la tierra, la gente alza sus cabezas, mirando al cielo que atrevidamente los va humedeciendo. Pasean su vista por todo el manto gris, del cual descienden aquellas lágrimas. Hasta que uno logra verme, parada en el borde la cornisa, dispuesta a saltar al abismo. Se giran y me miran, para mi sorpresa desesperados, no sabiendo cómo actuar ni cómo ayudarme. Es inútil, ya es inútil porque no pienso volver. Miro al suelo, como devora sediento cada gota de agua que cae sobre él. Pide a gritos algo más sabroso, rojo y mío. La vida es imprecisa, y dicha imprecisión es la que hoy y en este momento me tienen aquí. Las personas como hormigas se van agolpando bajo mío, y gritándome frases que no logro escuchar por el sonido de la lluvia a mí alrededor. Mis lágrimas se confunden con las del cielo, las horas no demoran mi decisión, mi alma herida acaba de desertar a esta vida. Lanzo una mirada más al cielo y veo como un rayo de sol se cuela por entre las nubes para darme su despedida, cierro mis ojos, doy media vuelta y siento como el viento me empuja de espaldas hacia el vacio. Veo el cielo a mis pies, tan distante, tan hermoso, tan soñado. Siento el impacto en mi cuerpo, y un dolor inexplicable. Siento como mi cuerpo comienza a emanar un líquido carmesí, dejando su rastro en el pavimento. La tierra se quebró, y el cielo esta a mis pies, alejándose cada vez más. Pero al mismo tiempo, cada vez más cerca…

Enero 2014 | CandeS

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Publicado el 30 mayo, 2015 en Cuentos, Mis Escritos. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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